Dominic Kiessling

Instalación | En el Salón de los Espejos
Del 23 de noviembre al 30 de diciembre

“Contempla la belleza de la vida. Observa las estrellas e imagínate corriendo junto a ellas.”

Marc Aureli

Entendiendo que la forma más simple puede contener una energía infinita, la instalación de Dominic Kiessling que habitará el Salón de los Espejos del Gran Teatre del Liceu es una presencia inesperada: un inflable de grandes dimensiones en forma de estrella durante las fechas navideñas de esta temporada. Lejos de la anécdota o del gesto decorativo, la pieza despliega una reflexión sutil sobre el espacio, la percepción y la capacidad del arte para transformar la experiencia colectiva a partir de formas esenciales.

La estrella, arquetipo universal cargado de significados —orientación, deseo, trascendencia, celebración—, se presenta aquí desprovista de solemnidad simbólica para activar una lectura abierta y sensorial. Su escala monumental y su naturaleza inflable introducen una tensión fecunda entre ligereza y monumentalidad, entre lo efímero y la persistencia de la memoria visual. Kiessling trabaja con el volumen y el aire como materiales principales y convierte el espacio en un organismo vivo que respira y se dilata ante la mirada del espectador.

La instalación dialoga de manera directa con la arquitectura del Salón de los Espejos, un espacio histórico marcado por el reflejo, la simetría y la representación. En este contexto, la estrella actúa como un cuerpo extraño y, al mismo tiempo, sorprendentemente armónico, que altera la percepción habitual del lugar e invita a una nueva manera de habitarlo. Los reflejos multiplican la forma, la fragmentan y la expanden hasta convertirla en una constelación de presencias que disuelven los límites entre objeto y entorno.

La obra de Kiessling, que nos transporta a la infancia, pone en juego una dimensión lúdica que no renuncia a la complejidad. El carácter inflable de la pieza activa una relación inmediata con el espectador y apela a una memoria corporal y emocional vinculada al juego, la fiesta y la sorpresa. Esta aparente ligereza se convierte, sin embargo, en una herramienta crítica: el arte como espacio de desplazamiento, capaz de desactivar expectativas y abrir grietas de percepción en contextos fuertemente codificados.

Así, la estrella de Dominic Kiessling se convierte en un gesto poético que suspende el tiempo y transforma el recorrido en experiencia. Entre el aire y la luz, entre el reflejo y el volumen, la instalación invita a recuperar una mirada atenta y disponible y nos recuerda que, a veces, es en la simplicidad formal donde el arte encuentra su capacidad más profunda de conmover y activar la imaginación compartida.