Alberto García-Alix

Exposición | En el Salón de los Espejos
Del 14 de abril al 9 de mayo

“Moriremos mirando”

Alberto Garcia-Alix  

Si para Alberto García-Alix (León, 1956) “fotografiar es mirar de frente aquello que no admite consuelo”, el conjunto de su obra es un relato visual intenso y descarnado, en el que la vida se expone sin filtros ni coartadas estéticas. Figura fundamental de la fotografía contemporánea española, su trabajo no busca embellecer la realidad, sino revelar sus grietas y asumir el riesgo emocional que conlleva toda verdadera exploración del yo.

La fotografía de García-Alix se articula como una autobiografía fragmentaria, atravesada por la experiencia del tiempo, el cuerpo, el deseo, la pérdida y la muerte. El blanco y negro —denso, contrastado, casi matérico— no es una opción formal, sino una posición ética: un espacio de gravedad en el que la luz se vuelve incisiva y la sombra, refugio. Retratos, autorretratos, objetos cargados de simbolismo y escenas de una cotidianidad extrema forman un universo coherente, marcado por una frontalidad que no admite distancia ni ironía.

En su obra, el cuerpo es territorio de memoria y confrontación. Cuerpos marcados, vulnerables, a menudo heridos, que se presentan como testigos de una existencia vivida al límite. García-Alix fotografía desde dentro, sin condescendencia ni nostalgia, y asume la responsabilidad de la mirada como un acto de verdad. Esta honestidad radical convierte sus imágenes en espacios de resistencia, en los que la identidad no se construye como relato heroico, sino como persistencia frente al paso inexorable del tiempo.

Más allá del contexto generacional con el que a menudo se ha vinculado su obra, la fotografía de García-Alix trasciende cualquier etiqueta histórica. Su trabajo dialoga con una tradición clásica del retrato y, al mismo tiempo, con una sensibilidad profundamente contemporánea, en la que la imagen se convierte en lugar de confesión y de enfrentamiento consigo mismo. Cada fotografía es una declaración de existencia, un acto de presencia que exige ser mirado sin defensas.

En el Salón de los Espejos, García-Alix mostrará una selección de su trabajo, en la que introduce la crudeza de la imagen. La fotografía que allí se presenta —como un instante fijado en el tiempo— abre un espacio de silencio y reconocimiento e invita al espectador a sostener la mirada y aceptar la incomodidad como forma de conocimiento.