Frederic Amat

Exposición | En el Salón de los Espejos
Del 2 al 21 de febrero

“Un poema es señal de la inocencia. Siempre y cuando se limite a señalar. El poema ha de ser gesto, tan sólo gesto. Si es otra cosa, destruye la inocencia.”

Chantal Maillard

Frederic Amat (Barcelona, 1952) será uno de los artistas invitados de la temporada 2026-2027 en el Gran Teatre del Liceu. Figura singular y artista multidisciplinar, su aportación lo sitúa como un gran mag-poeta de la escena artística contemporánea. Pintor, escenógrafo, cineasta y creador transversal, Amat ha desarrollado una trayectoria marcada por una búsqueda constante del lenguaje, del gesto y de la capacidad de la imagen para generar experiencia más allá de la representación.

Su obra se articula como un campo de experimentación abierto, en el que pintura, dibujo, objeto, espacio y movimiento se contaminan mutuamente. El color —denso, visceral, a menudo herido— se convierte en materia viva, capaz de construir espacios emocionales antes que formas reconocibles. En Amat, el trazo no describe; irrumpe. Cada gesto parece surgir de una necesidad física, casi orgánica, como si la imagen fuera el rastro de una acción que ha tenido lugar en un tiempo preciso e irrepetible.

Profundamente vinculado al mundo de la escena, su trabajo ha dialogado de manera continuada con el teatro, la ópera y la música, aportando una mirada plástica que entiende el espacio como un cuerpo en tensión. Sus colaboraciones con creadores de diversas disciplinas han reforzado una concepción del arte como acto relacional, en el que la imagen no se agota en sí misma, sino que se expande en el tiempo y en la percepción del espectador. Esta dimensión performativa atraviesa toda su obra, incluso cuando se manifiesta en formatos aparentemente estáticos.

Más que un estilo, Frederic Amat construye una actitud: una manera de habitar la creación desde el riesgo, la intuición y la apertura a lo desconocido. Su obra se mueve entre la abstracción y la figuración sin fijarse en ningún territorio estable, y asume la inestabilidad como condición esencial del hecho artístico. En este sentido, cada pieza funciona como un umbral, un espacio de paso que activa la mirada y reclama una implicación activa de quien observa.

Además de la ocupación sugerente en la obra Ryoan-ji de John Cage, Amat tendrá una presencia en el apreciado Salón de los Espejos del Gran Teatre del Liceu. Amat establecerá una conversación fluida con la memoria escénica del lugar. La obra que allí se presenta no solo se inscribe en el espacio, sino que lo atraviesa y activa sus reflejos, sus sombras y su dimensión teatral. En este encuentro, la imagen se convierte en acción y el color, en voz. Amat nos invita así a experimentar el arte como un acontecimiento vivo, en el que la mirada no contempla, sino que participa.