Sobre la producción

'Le nozze di Figaro' en el Liceu con Marta Pazos y un reparto de lujo

El Liceu recupera 'Le nozze di Figaro' de Mozart con una nueva producción de Marta Pazos, dirección musical de Giovanni Antonini y un reparto internacional de primer nivel. Una ópera imprescindible que combina humor, crítica social y emoción en estado puro.

Le nozze di Figaro
Compositor
Wolfgang Amadeus Mozart
Idioma
Italiano
Duración
3h 30min
Subtítulos
catalán, castellano e inglés
Actos
4
Dirección musical
Giovanni Antonini
Dirección de escena
Marta Pazos
Reparto
Sara Blanch, Luca Pisaroni, Adriana González, Andrè Schuen, Anna Prohaska, Alejandro Baliñas, Anett Fritsch y Samuel Hasselhorn

Se suele decir que la ópera es el gimnasio de las emociones. Del mismo modo que salimos a correr o nadar para ejercitar el cuerpo y mantenerlo en forma, también vamos al teatro para que el alma no desfallezca: vamos, en definitiva, para reír y llorar, para sentir compasión, afecto, rabia o dolor gracias a unos personajes que conectan con las partes más íntimas de nuestro espíritu y que nos recuerdan lo maravilloso y terrible que es vivir. En este sentido, Le nozze di Figaro puede considerarse uno de los ejercicios emocionales más completos y satisfactorios de la historia del arte. Son muchas las veces que se ha descrito como la ópera que mejor refleja la profundidad y la variedad de la condición humana —con unos personajes que se convierten en seres de carne y hueso, como si fueran una extensión de nosotros mismos—, y más de 240 años después de su estreno no ha perdido ni un ápice de su poder de fascinación. Por eso siempre volvemos a esta pieza magistral del siglo XVIII: porque la música es excelsa y su mensaje —que puede resumirse en no menospreciar nunca el poder del amor, la inteligencia y el perdón— sigue dándonos lecciones de vida para el presente.

¿Es Le nozze di Figaro la mejor ópera de Mozart? Este es un debate que todavía sigue abierto: Don Giovanni y La flauta mágica también reclaman ese honor. Pero hay algo muy claro: es la mejor pieza cómica de Mozart y eso hace que, posiblemente, sea la cumbre de la ópera bufa en toda la historia. Si entendemos Le nozze como una comedia de enredos, entonces es un divertimento perfecto que no da tregua a la sorpresa y las risas. Ahora bien, si solo nos hiciera reír, su impacto sería limitado: el verdadero poder de esta ópera reside en cómo consigue provocar la risa después de obligar a los espectadores a mirarse en un espejo moral en el que también se reflejan nuestros grandes defectos, desde la envidia hasta la indiferencia hacia el dolor ajeno.

«Le nozze di Figaro es mucho más que la mejor comedia de Mozart: es una de las obras del arte universal que mejor reflejan la variedad y la profundidad del espíritu humano.»

Una crítica inteligente a la desigualdad social

Le nozze di Figaro se estrenó en 1786 y fue la primera colaboración entre Mozart y Lorenzo da Ponte, un carismático y hábil poeta italiano con fama de libertino que quería asegurarse un lugar en la corte imperial de Viena. El encuentro fue positivo para ambos: hacía más de cuatro años que Mozart no componía ninguna ópera porque no encontraba una buena historia, y Da Ponte tampoco era capaz de encontrar un compositor a la altura de sus textos. Finalmente, ambos optaron por adaptar La folle journée, ou le Mariage de Figaro, una polémica comedia de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais —el famoso autor de Il barbiere di Siviglia— que había sido prohibida en Francia por atacar los privilegios de la aristocracia. Para mitigar su efecto subversivo, que tendría un claro impacto en las ideas de la Revolución Francesa, Da Ponte aceptó ante José II, emperador de Austria, atenuar la carga social de la historia y poner el énfasis en las situaciones cómicas.

En cualquier caso, la crítica sigue ahí, desplazada de lo puramente político para atacar las costumbres y la moral disoluta de la clase dominante. La ópera cuenta la historia de Figaro y su futura esposa, Susanna, dos criados del Conde de Almaviva, un noble sevillano con instinto de depredador sexual. Es el día de su boda y el Conde tiene la intención de sabotear la unión reclamando un antiguo derecho de pernada que le permitiría acostarse con Susanna antes de que se convierta en una mujer casada. Cuando descubre las intenciones del noble, la joven pareja pone en marcha un plan para impedir cualquier acción del Conde. Su principal aliada será la Condesa, que conoce las infidelidades de su marido y las vive con sufrimiento. Al mismo tiempo, varios sirvientes de la casa conspiran a favor del amo: la ama de llaves, Marcellina, reclama a Figaro como legítimo esposo (hasta que se descubre que es su hijo), y cuenta con el apoyo del médico, Bartolo, y del profesor de música, Basilio. El primer intento del Conde de seducir a Susanna fracasa por la intervención involuntaria de Cherubino, un joven paje enamorado de todas las mujeres del palacio, que también dejará en ridículo al Conde cuando este acuse a su esposa de tener un amante en el segundo acto. Finalmente, la boda de Figaro podrá celebrarse, pero el Conde no renuncia a su pulsión: al final de la ópera, en la resolución del enredo, intentará seducir a Susanna en un jardín… sin darse cuenta de que se trata de su propia esposa, que ha intercambiado la ropa con la criada. Cuando lo sorprenden in fraganti, el Conde pide perdón y, en un gesto magnánimo, su esposa se lo concede.

«El Liceu presenta una nueva producción dirigida por Marta Pazos que, a partir de la idea de lo “camp” de Susan Sontag, busca una unión feliz entre la alta y la baja cultura.»

Un reparto joven y experto

Le nozze di Figaro es una ópera que se escucha con gran facilidad, un torrente de armonías dulces y bellas melodías, pero para los cantantes es una obra difícil, porque todas las líneas vocales son limpias y complejas, no existe ningún margen para disimular carencias y cada personaje debe mostrar claramente su carácter con grandes dotes actorales. Por ello requiere un elenco muy compacto que, además, combine experiencia y juventud, agilidad vocal y una fuerte presencia escénica. En las próximas representaciones del Liceu —14 en total, incluida la del 4 de junio para la comunidad LiceUnder35— esta circunstancia estará plenamente respaldada por un reparto que ofrece todas las garantías.

El papel central de Figaro, escrito para barítono, será interpretado por un veterano especialista, el italiano Luca Pisaroni, y por una joven promesa, el gallego Alejandro Baliñas. El rol de Susanna, para soprano lírica, estará a cargo de dos intérpretes estelares, Sara Blanch y Anna Prohaska, mientras que el papel de la Condesa —también para soprano, aunque con un matiz más dramático— será defendido por Adriana González y Anett Fritsch. El rol del Conde, muy similar al de Figaro, recaerá en dos jóvenes barítonos: Andrè Schuen y Samuel Hasselhorn, mientras que uno de los personajes más queridos de la ópera, el paje Cherubino, será interpretado también por dos sopranos de timbre dulce: la rusa Julia Lezhneva y la argentina Mercedes Gancedo. El doctor Bartolo será interpretado por los bajos Roberto Scandiuzzi y Alejandro López. El resto de personajes tendrá un único intérprete en todas las funciones: la mezzosoprano Mireia Pintó será Marcellina; Roger Padullés asumirá el rol de Basilio; Moisés Marín será Don Curzio; Lucía García interpretará a la joven Barbarina, y el padre, el jardinero Antonio, será interpretado por Luis López Navarro.

«La escenografía convierte el palacio de la historia en una tarta de bodas, que Marta Pazos utiliza para trabajar con diferentes texturas de luz y color a lo largo de la obra.»

Dulzura, equilibrio y grandes dosis de “camp”

Cuando se estrenó, Le nozze di Figaro fue percibida como una obra maestra que hacía avanzar el arte de la ópera a una velocidad vertiginosa. Mozart comenzó a prescindir, por ejemplo, de muchos pasajes recitados e intentó plasmar la acción únicamente con música, sentando las bases de la dramaturgia que se impondría en el siglo XIX. Al mismo tiempo, había asumido los principios de C. W. Gluck, el gran reformador del estilo clásico, y junto a Da Ponte —con quien trabajó en otros dos títulos que completan su famosa trilogía de colaboraciones, Don Giovanni y Così fan tutte— también buscó el equilibrio entre calidad literaria y sonora. Mozart ya intuía que la ópera del futuro buscaría la unión indisoluble entre la música y la acción escénica, aunque al mismo tiempo representa perfectamente su época, ya que sigue con rigor las convenciones del siglo XVIII: la unidad de acción, tiempo y lugar —todo sucede el mismo día, en la misma casa y sin desviarse de la historia— y la simetría formal. Todo en esta ópera, desde el número de actos hasta el estatus de los personajes, funciona como un espejo: los personajes se distribuyen en parejas unidas por la misma condición social —el Conde y la Condesa, Figaro y Susanna, Cherubino y Barbarina, Marcellina y Bartolo— y de mayor a menor jerarquía. Esta pista también ayuda a comprender la idea de fondo más poderosa de la historia: la nobleza de título no equivale a la nobleza de espíritu; los personajes de alto linaje son capaces de hacer el mal, mientras que la gente más humilde puede convertirse en un modelo de bondad e inteligencia.

La producción que presenta Marta Pazos, un estreno absoluto y exclusivo para el Liceu, recoge algunas de estas ideas clasicistas y las amplifica añadiendo otras de nuestro pasado reciente. La escenografía, que representa una tarta gigante —el momento más dulce y esperado de cualquier boda—, permanecerá invariable durante los cuatro actos, y lo que cambiará serán los códigos de color de cada escena y también la luz a medida que caiga la noche. La estructura vertical del escenario le permite distribuir a los personajes en función de su estatus social, y el vestuario de cada uno estará caracterizado por un código de sabores, porque ellos son los ingredientes de una composición social que debe combinarse a la perfección y que, como la tarta, debe tener buen sabor. Para articular esta propuesta dulce, atrevida y colorista, Marta Pazos también se apoya en el concepto “camp”, teorizado en la década de 1960 por la intelectual Susan Sontag, y que podría resumirse en la idea de que existe un buen gusto por el mal gusto: el exceso y la carga visual, o la inclusión de ideas de la cultura popular en la cultura elitista, son formas válidas de articular un discurso intelectual que no pierda profundidad, pero que conecte con el gran público y pueda expandir sus límites. Con esta producción “camp”, Pazos incide en otro de los aspectos ancestrales de Le nozze di Figaro: es una obra cómica sobre gente corriente y nunca debe olvidarse que desprende humor y cotidianidad.

El regreso de Le nozze di Figaro al Liceu promete ser una experiencia visual, musical y dramática completa: una interpretación a la altura de la exigencia de la partitura —con el maestro Giovanni Antonini dirigiendo la orquesta y el magnífico elenco de cantantes—, con un concepto visual contundente y divertido y una profunda carga intelectual que irá brotando, cucharada a cucharada, entre una gran densidad de texturas en colores pastel, muy apropiadas para la sorprendente y azucarada arquitectura escenográfica propuesta por Marta Pazos.

«El reparto está encabezado por Luca Pisaroni y Sara Blanch, que representan un amplio elenco de voces jóvenes y expertas, con un canto claro y grandes dotes actorales.»

Momentos musicales clave

Acto I, Figaro
«Non più andrai, farfallone amoroso»

El Conde de Almaviva ha sorprendido al paje Cherubino escondido en la habitación donde intentaba seducir a Susanna, y quiere deshacerse de él; por eso, lo envía a la guerra. Pero Figaro no permitirá que el joven se marche porque lo necesita para tramar su venganza. En esta primera aria de Figaro, la más célebre de la ópera, Mozart superpone una melodía memorable a un ritmo trepidante de marcha militar, lo que produce un efecto aún más poderoso por tratarse del grandioso final de un primer acto que transcurre a toda velocidad y encadena arias, dúos y partes corales, cada una más irresistible que la anterior.

Acto II, Cherubino
«Voi que sapete che cosa è amor»

En su primera aria, incluida en el primer acto, Cherubino le explica a Susanna que está enamorado de todas las mujeres del palacio, especialmente de la Condesa. En la segunda, igual de perfecta, modera su ímpetu juvenil y descubre sus propias carencias: es joven y, a pesar de sentir pasiones incontrolables, todavía no sabe qué es el verdadero amor, por lo que pregunta a Susanna y a la Condesa cómo se siente estar enamorado. Esta es una de las melodías más excelsas, no solo de la ópera, sino de toda la obra de Mozart: un momento breve, fugaz como un amor de verano, pero que permanece en la memoria —y en la atmósfera de la historia— hasta el final.

Acto III, Comtessa d'Almaviva
«E Susanna non vien! Dove sono i bei momenti»

Mientras espera la llegada de Susanna, con quien ha urdido un plan para dejar en evidencia a su marido al final de la ópera, la Condesa de Almaviva recuerda la época en que era joven y feliz. En su primera aria, al inicio del segundo acto, mostraba su dolor al descubrir las intenciones sexuales del Conde hacia Susanna, pero en este momento vive una emoción diferente: con una melodía dulce y compasiva, se refugia en un pasado idealizado y sienta las bases de su gesto de perdón al final de la ópera. Las arias de la Condesa son lentas y profundas, y esta última es uno de esos momentos de la ópera en los que resulta imposible que al público no se le encoja el corazón.