Durante su exilio en Suiza en los años 1850, Wagner profundizó en los mitos medievales y encontró inspiración en la leyenda de Tristán e Isolda y en su amor platónico por Mathilde Wesendonck. Así compuso una ópera sobre el amor absoluto, un sentimiento tan inmenso que trasciende el tiempo, el espacio y la existencia, convirtiéndose en una de las obras maestras de la ópera.
La historia de Tristán e Isolda comenzó a difundirse ampliamente por Europa occidental —fundamentalmente en lo que hoy son las Islas Británicas y Normandía francesa— hacia el siglo XI, con la aparición de los primeros relatos escritos en francés. Era sobre todo la historia de Tristán, un caballero fabuloso, capaz de cumplir las gestas guerreras más impresionantes, y que en diversas aventuras consecutivas mataba gigantes y dragones y conquistaba el honor de recibir la mano de la bella Isolda, princesa de Irlanda, para su tío Marke, rey de Cornualles y vasallo del poderoso rey Arturo. Aunque las principales variantes son francesas —las de Béroul y Tomás de Inglaterra—, Richard Wagner conoció la leyenda gracias a una versión en alemán antiguo, escrita en el siglo XII por Gottfried von Strassburg. Entre las décadas de 1830 y 1850, Wagner estuvo muy interesado en la épica germánica medieval y la escuela de los minnesinger —los trovadores del centro de Europa—, y de ahí extrajo el material para todas sus obras principales: Tannhäuser, Lohengrin, El anillo del nibelungo, Los maestros cantores de Núremberg, Parsifal y, en un momento ya más tardío, Tristan und Isolde.
«Wagner compuso con Tristan und Isolde una ópera revolucionaria, que llevaba al límite las ideas románticas sobre el amor y que venía acompañada de una música nueva y tensa.»
Sin embargo, de esta historia solo le interesó un aspecto que, aunque importante en las leyendas antiguas, no lo era tanto para Gottfried von Strassburg: el enamoramiento inevitable de la pareja, gracias a un poderoso filtro mágico que los hace desear estar siempre juntos, a pesar de que su amor sea ominoso, ya que Isolda debe casarse con el rey Marke y Tristán es el sobrino, heredero y amigo más fiel del rey. Y es que el amor imposible —un tema que recorre ampliamente la obra de Wagner, desde su segunda ópera, titulada precisamente La prohibición de amar, hasta El crepúsculo de los dioses— se presentaba con fuerza en la vida del compositor. En 1848, Wagner tuvo que huir de Dresden tras el fracaso de la revolución anarquista en la que participó y se exilió en Suiza. En Zúrich conoció a uno de sus mecenas, el comerciante textil Otto Wesendonck, y a su joven esposa Mathilde. Wagner todavía estaba casado con su primera esposa, Minna, pero la relación no atravesaba su mejor momento, y encontró en Mathilde una musa con quien podía conversar sobre música, literatura y las emociones más desbordantes sublimadas por el arte. Nunca tuvieron una relación sexual —era principalmente un amor platónico, canalizado fundamentalmente a través del intercambio de cartas—, pero Wagner se formó una idea del amor absoluto a partir de su obsesión por Mathilde, que le sirvió de inspiración para el lenguaje y el núcleo central de la historia de su ópera, que quiso construir como el monumento definitivo al amor.
Wagner se centró en tres episodios de la historia: el primer acto narra el viaje de Tristán e Isolda en barco desde Irlanda hasta Cornualles; Isolda desea morir y matar a Tristán, a quien insta a beber un filtro mágico de muerte, pero que Brangäne cambia en secreto por uno de amor; a partir de ahí, su pasión será incontenible. En el segundo acto, Wagner situó el gran dúo de amor, pero también la catástrofe fatal: el rey Marke, esposo legítimo de Isolda, descubre la infidelidad. Tristán se enfrenta en duelo con el traidor Melot, quien ha informado al rey, y se deja herir para llegar pronto a la muerte. El tercer acto muestra a Tristán agonizando, esperando la llegada de Isolda. Cuando ella llega, él puede morir feliz, y Isolda lo acompañará, ya que solo en la muerte se podrá consumar su amor, eterno e invencible.
«La producción también busca reforzar las ideas de Wagner sobre el amor: una fuerza constructiva, que no se detiene ante ningún obstáculo y que transforma la realidad.»
Despojada prácticamente de argumento, la ópera es un volcán de emociones en la mejor tradición romántica. Wagner logró un hito sin precedentes: una pieza metafísica —estuvo muy influenciado por la filosofía de Arthur Schopenhauer— y al mismo tiempo poética, en la tradición de Novalis, el gran maestro romántico alemán. Para esta obra compuso música nueva, con una armonía tensa, nocturna, incierta y una melodía infinita, y aunque no pudo estrenarla, no sin dificultades, hasta 1865, el impacto posterior de Tristan und Isolde ha sido incomparable. No es solo la obra maestra de Wagner, sino una de las grandes obras maestras de todo el arte occidental.