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'La zorrita astuta’: un cuento infantil convertido en una reflexión filosófica para adultos

Aunque es famoso por su enfoque cómico de la ópera, Barrie Kosky minimiza en esta producción los aspectos lúdicos, que están presentes solo donde lo indica el libreto. La propuesta del director de escena alemán se basa en la idea central de Janáček, la reflexión sobre el ciclo de la vida, y por eso establece diferencias morales y estéticas claras entre los humanos y los animales mediante la elección del vestuario. La escenografía está determinada por el uso del claroscuro, con una cortina luminosa que ayuda a delimitar los espacios y diseñar una puesta en escena tan inteligente como espectacular.

Entre el 7 de abril y el 23 de junio de 1920, el diario Lidové Noviny, que hasta hoy se sigue editando en Praga, publicó un relato por entregas, de aire cómico, escrito por el poeta Rudolf Tesnohlídek y acompañado por unas ilustraciones de Stanislav Lolek, protagonizado por una zorrita astuta. Aquella historia tan amena se convirtió en una pequeña sensación entre la sociedad checa, gustaba tanto a los niños como al público adulto, y captó la atención del compositor Leoš Janáček, que en ese momento estaba a punto de cumplir 70 años y era, por tanto, un anciano. Pero, a pesar de su avanzada edad, Janáček estaba inmerso en una sorprendente etapa de fertilidad creativa. Había nacido en 1854 y se formó en la escuela nacionalista checa de composición —siguiendo los pasos de sus maestros Smetana y Dvořák—, y dedicó sus primeros años a aspectos como la musicología, la enseñanza y la música de cámara, y solo ocasionalmente abordó obras de gran magnitud: si su obra se hubiera detenido en el cambio de siglo, hoy Janáček sería un compositor prácticamente desconocido, limitado a la historia menor del nacionalismo checo.

Escena de 'La petita guineu astuta'
Escena de La zorrita astuta (©W.Hösl)

Pero a punto de cumplir 50 años, un conjunto de circunstancias horribles —entre las cuales, la muerte de su hija Olga en 1903— lo llevaron a seguir el camino de la gran música de principios del siglo XX. Aunque ya había estrenado algunas óperas previamente, en 1904 terminó de componer Jenůfa, su primera obra maestra, un drama realista sobre una joven profundamente maltratada por la sociedad, cuyo hijo muere asesinado. Más tarde, consolidaría esta línea con otra ópera de estilo similar y con un resultado aún más exitoso, Kát’a Kabanová (1921), momento culminante de una etapa de su vida, entre 1916 y 1921, en la que Janáček por fin conoció el éxito —el escritor Max Brod, amigo íntimo de Franz Kafka, lo ayudó a estrenar Jenůfa en Praga—, pero también la infidelidad —tuvo un affaire con la cantante Gabriela Horváthová, y su esposa legítima, Zdenka, intentó suicidarse—, y el enamoramiento crepuscular —al iniciar una relación platónica y epistolar con la joven Kamila Stösslová.

Escrita en la etapa final de su carrera, Janáček aprovechó esta ópera para reflexionar sobre su propia vida y su próxima muerte, sin patetismo y con la máxima serenidad.

No es casualidad que el trabajo en La zorrita astuta coincidiera con un momento en que Janáček ya veía próxima la muerte y deseaba aferrarse desesperadamente a la vida. La historia original era una simpática colección de travesuras de la zorrita astuta, pero Janáček percibió un matiz: también se trataba la relación entre los seres humanos y los animales, y el destino inevitable de la protagonista —lógicamente, la muerte— no lo vio como algo patético, sino como un rito de paso necesario en la eterna rueda de destrucción y renacimiento que caracteriza el mundo natural. A partir de esta idea, Janáček se reunió con Tesnohlídek para pedirle permiso para adaptar la historia y, tras obtenerlo, decidió escribir él mismo el libreto.

Esena de 'La guineueta astuta' (©W.Hösl)
Escena de La zorrita astuta (©W.Hösl)

En la ópera no desaparece el tono ligero del cuento —hay momentos tiernos y humorísticos—, pero la carga principal reside en la representación realista de la naturaleza y sus procesos. Cada uno de los actos ocupa un periodo en la vida de la protagonista, la zorra Bystrouška: en el primero, la vemos como una cachorra y cómo pasa su juventud cautiva, después de ser capturada por el Guardabosques; una vez que se libera del cautiverio, en el segundo acto la seguimos en la madurez, desde que engaña a un tejón para quedarse con su madriguera hasta que se enamora de un zorro de pelaje dorado; finalmente, el tercer acto es el de la muerte —Harašta, el Cazador furtivo, la mata fríamente de un disparo— y el renacimiento, ya que Bystrouška ha tenido cachorros y la historia volverá a empezar. En definitiva, es una ópera para reír y llorar, para emocionarse y compadecerse, articulada a partir de un lenguaje musical de gran belleza que hibrida el romanticismo del siglo XIX con el modernismo del XX.