Compuesta en seis frenéticas semanas en 1832, 'L’elisir d’amore' es la ópera que Donizetti no había planeado escribir, pero que se convirtió en uno de sus mayores y más duraderos éxitos. A partir de un amor no correspondido y un toque cómico —el enamorado engañado con un elixir mágico—, combina melodías memorables, situaciones divertidas y una sensibilidad romántica que la convierten en una obra maestra intemporal.
Acto I. Adina
"Della crudele Isotta"
El comienzo de la ópera presenta varios números individuales importantes. Nemorino, por ejemplo, canta su primera aria, "Quanto è bella, quanto è cara", en la primera escena, para expresar su amor absoluto por Adina. Pero ella no le hace caso y responde con indiferencia con una primera aria, también de enorme agilidad y encanto melódico, en la que queda patente su carácter idealista. Ella aspira al amor absoluto de la reina Isolda y no le conmueve en absoluto el capricho de un joven inexperto y pobre. Este inicio describe perfectamente a los dos protagonistas, y lo hace con un bel canto de primer nivel.
Acto I. Dulcamara
"Udite, udite, o rustici!"
El personaje de Dulcamara es una de las mejores expresiones del bajo buffo, un tipo de voz ideal para figuras cómicas grotescas. Este tipo de personajes era muy habitual en la ópera cómica de principios del siglo XIX —su máxima expresión la encontramos en Rossini—, pero en la época de Donizetti era un arquetipo algo anticuado. No obstante, este falso doctor Dulcamara —un estafador que promete remedios mágicos— está muy bien construido gracias a su presentación, un aria cantada en el complicado estilo silábico que añade una capa feliz de velocidad vertiginosa y distensión a la ópera.
Acto II. Nemorino
"Una furtiva lagrima"
La romanza de Nemorino es el momento más conocido de L’elisir, una canción de melodía impecable en la que el personaje asegura haber visto llorar de amor a su amada Adina. Sin embargo, el poder de "Una furtiva lagrima" va más allá, porque es el delicado preludio de un excelente dúo final en el que el tenor y la soprano finalmente reconocen su amor mutuo, situándose en la parte más alta de la tesitura aguda para dibujar pasajes de extrema dificultad y que exige una gran agilidad vocal tras más de dos horas de esfuerzo. El tramo final de L’elisir es, sin duda, explosivo.
A escena
L’elisir d’amore es un título popular, ampliamente querido por el público, que llena los teatros sin dificultad, y en su regreso al Liceu contará con un total de quince funciones concentradas en tres semanas. Esto implica que —por el bien de la salud vocal de los cantantes— se debe contar con varios intérpretes para los personajes principales, ya que el esfuerzo de una noche de canto atlético debe ir acompañado de un período razonable de descanso. Así, para esta larga y exigente tanda de representaciones, los roles protagonistas de Nemorino y Adina —así como los secundarios, pero igualmente importantes, de Belcore y Dulcamara— contarán con hasta tres cantantes diferentes, un elenco triple en el que se concentran estrellas consagradas y valores consolidados del talento local. El bel canto de principios del siglo XIX es siempre un terreno exigente, que requiere voces bien entrenadas donde se equilibre la experiencia y la juventud, y todos los intérpretes citados para estas representaciones cumplen con los máximos estándares de calidad.
El papel de Nemorino, escrito para tenor ligero, se repartirá entre el mexicano Javier Camarena —posiblemente el cantante más excelso de su generación, un maestro absoluto en este tipo de roles que requieren una técnica vocal ágil e impecable, pero también un actor inteligente que aporte valor a las cualidades humanas del personaje—, así como el norteamericano Michael Spyres y el neozelandés Filipe Manu, dos figuras firmemente establecidas en el circuito lírico. El otro personaje esencial, Adina, también tendrá como intérpretes a tres grandes sopranos líricas de primer nivel: la sudafricana Pretty Yende, una de las principales figuras mundiales del bel canto actual, alternará sus funciones con dos figuras jóvenes, pero ya consolidadas, de la escena española, la barcelonesa Serena Sáenz y la valenciana Marina Monzó.
El personaje cómico de Dulcamara está escrito para una voz grave con cierta facilidad para alcanzar registros altos —lo que se identifica con la figura intermedia del bajo barítono—, y en esta ocasión lo interpretarán tres cantantes que, además de la técnica, también poseen las cualidades actorales necesarias para una buena comedia. Por un lado, vuelve al Liceu el gran Ambrogio Maestri, uno de los mejores bajos cómicos de los últimos tiempos, acompañado del también italiano Fabio Capitanucci y del menorquín Simón Orfila. El otro papel de barítono, el del sargento Belcore, recaerá en tres jóvenes cantantes como el inglés Huw Montague Rendall y dos brillantes talentos de la cantera catalana, Carles Pachon y Jan Antem. El quinto personaje de la ópera es Gianetta, que tiene una presencia escénica menor que los anteriores, y será interpretado por dos jóvenes sopranos con gran proyección, Anna Farrés y Núria Vilà.
En L’elisir d’amore también tiene gran importancia el coro —tanto en su función vocal como actoral, ya que multiplica el poder cómico de la producción de Mario Gas—, y todo este talento artístico estará dirigido por el maestro venezolano Diego Matheuz, una de las joyas de El Sistema que en los últimos años ha consolidado una carrera ascendente y hoy plenamente reconocida a nivel internacional, y que ha liderado las principales orquestas del mundo en programas sinfónicos y de ópera. Matheuz ya ha dirigido en el Liceu —concretamente Donizetti en su vertiente cómica, Don Pasquale, en la temporada 2014/2015—, por lo que tenemos la certeza de que esta maratón de funciones estará en las mejores manos.