Janáček fue un compositor de éxito tardío. La primera parte de su obra la realizó a finales del siglo XIX, en el marco del nacionalismo romántico checo, pero a partir de 1903 comenzó a publicar las obras mayores, con un lenguaje más moderno. La astuta zorrita es una de sus últimas óperas, escrita en 1923, cuando casi tenía 70 años, y es una síntesis magistral entre romanticismo, atonalidad e impresionismo, todo ello al servicio de un tema de gran profundidad filosófica, que trata, con pequeños momentos de humor, sobre la naturaleza y la relación entre los animales y los seres humanos.
Acte I. Bystrouška, Orquestra
«Ze nevis, coma mé?» / «Pantomime»
En la partitura de La zorrita astuta se combinan elegantemente diferentes estilos de composición: el postromanticismo checo —con abundancia de danzas y melodías populares—, el modernismo alemán y también distintos pasajes en los que se aprecia la influencia del impresionismo francés. Este breve interludio, que representa el paso de una noche triste a un alba espléndida, tiene el sello evidente del estilo de Debussy y Ravel, y es el momento que no solo marca el proceso de liberación de Bystrouška, sino que es uno de los más bellos que se han escrito para orquesta sinfónica.
Acte II. Bystrouška, Zlatohřbítek
«Proč zrovna mě?»
Después de desplegar la astucia en la vida adulta, engañando a un tejón para quitarle la madriguera y confundiendo a los hombres, Bystrouška se ha apoderado de una buena parte del bosque. Pero le espera una sorpresa: un día conoce a un magnífico corzo de pelaje dorado que la seduce y del que se enamora irremediablemente. Este dúo para soprano y mezzosoprano tiene varios momentos de un lirismo desbordante, en los que las dos voces se expresan individualmente y conjuntamente para transmitir la pasión del amor, que lleva a la vida en común, la reproducción y la perpetuación de la vida.
Acte III. El Guardabosc
«Ale není tu Bystroušky!»
Tal como sucede al principio de la ópera, el Guardabosques se apoya en el tronco de un árbol y se dispone a dormir. En ese momento canta su pasaje individual más extenso, una especie de aria —con momentos inmensamente líricos en un estilo de canto declamado—, en la que repasa su vida. Allí se encontrará con criaturas del pasado —la nieta de la rana que lo despertó en la primera escena—, y así dará voz a la idea principal de la ópera, que es la constancia eterna del ciclo de la vida y el renacimiento de la naturaleza.
En escena
La zorrita astuta es una ópera aparentemente modesta, de duración breve teniendo en cuenta la media del repertorio habitual —no suele superar los 100 minutos—, pero los recursos que Janáček empleó en su composición fueron enormes, y eso la sitúa entre los títulos más colosales del siglo XX, ese mismo espacio del que Richard Strauss es el rey. El tamaño de la orquesta es gigantesco, requiere un gran número de voces blancas y adultas, además de un coro adulto y otro infantil, y eso la convierte en una pieza ideal para que el maestro Josep Pons la dirija con su gusto y eficiencia habituales. Como bien sabe el público habitual del Teatro, Josep Pons no solo ha dirigido las óperas de mayor escala orquestal —desde Wagner hasta Rimsky-Korsakov, pasando por Debussy y Dvořák—, sino que ha preparado a conciencia la Orquesta del Liceu para afrontar este tipo de repertorio incluyendo cada año programas sinfónicos de gran peso y dificultad. Como ya se sabe, esta es la última temporada del maestro como director musical del Liceu, y abordar La zorrita astuta no deja de ser un paso más en un largo camino de perfección que ahora enfrenta un nuevo tramo de gran exigencia.
«La soprano rusa Elena Tsallagova interpretará el papel de Bystrouška, la zorrita astuta, tan complicado como fascinante, y del que hoy en día es la gran especialista mundial.»
La orquesta es un elemento esencial en esta ópera, tanto como las voces: Janáček incluyó en su desarrollo diferentes interludios orquestales —principalmente para expresar el paso del tiempo, ya fuera un amanecer, la llegada a la edad adulta de la zorrita o el nacimiento de sus cachorros—, y estos fragmentos son como pequeños poemas sinfónicos cargados de un color tímbrico muy bonito y de una gran emoción. A la vez, la orquesta exige que las voces que interpreten cada uno de los papeles centrales sean fuertes, ya que deben elevarse por encima de un imponente muro sonoro. En este aspecto, tampoco hay que preocuparse por nada, ya que en el reparto está la máxima especialista actual en el exigente papel de Bystrouška, Elena Tsallagova, una soprano rusa de voz robusta y timbre cálido que le permite expresar todos los matices de este personaje ambiguo, tan inclinado a la bondad como a seguir sus instintos de animal salvaje. Los otros papeles centrales de la ópera, el Guardabosques y Zlatohřbítek, el corzo carismático de pelaje dorado, también son para dos magníficos cantantes: el barítono sueco Peter Mattei y la mezzosoprano Paula Murrihy.
Janáček indicó en la partitura que, dado el gran número de personajes secundarios que tiene la ópera, era recomendable que algunos cantantes participaran con dos roles, fueran humanos o animales. Así, por ejemplo, el tenor David Alegret es, por un lado, el Maestro de escuela, pero, por otro, también el Mosquito; la mezzosoprano Mireia Pintó canta los papeles del perro Lápak y el Pico; la también mezzosoprano Anaïs Masllorens se reparte entre la Mujer del guardabosques y el Búho, y el bajo mexicano Alejandro López hace lo mismo entre el Rector y el Tejón. Otros cantantes se reparten el resto de papeles menores: el barítono serbio Milan Perišić es Harašta, el Cazador furtivo, y el tenor Caspar Singh es Pásek, el Posadero. En definitiva, un equipo amplio y con experiencia para lograr que afloren todos los matices de La zorrita astuta, y conseguir que brille como lo que es: una de las mejores óperas de todo el siglo XX.