“Pintar es otra manera de pensar el mundo en silencio”
Narcís Comadira
El poeta residente de la temporada 2026-2027 del Gran Teatre del Liceu, Narcís Comadira (Girona, 1942), es una figura esencial de la cultura catalana contemporánea. En él, la palabra y la imagen conviven como formas complementarias de un mismo acto de conocimiento. Poeta, ensayista, traductor y pintor, Comadira ha desarrollado una práctica plástica que dialoga de manera constante con su escritura y comparte su rigor, su contención y una mirada profundamente reflexiva sobre la realidad.
Su pintura se inscribe en una tradición de clasicismo crítico, alejada tanto de la estridencia como del gesto gratuito. Naturalezas muertas, paisajes y arquitecturas aparecen construidos con una austeridad formal que remite a una idea de permanencia, de tiempo sedimentado. El color, medido, sobrio, a menudo primario, actúa como espacio de respiración, mientras que la composición revela una atención casi moral al peso de cada elemento. En Comadira, pintar es un ejercicio de orden, una manera de establecer relaciones justas entre las cosas.
Lejos de cualquier nostalgia idealizada, su obra pictórica propone una mirada lúcida sobre el mundo, consciente de su fragilidad. En sus imágenes hay una tensión constante entre presencia y ausencia, entre lo visible y lo insinuado. Esta economía de recursos dota a la pintura de una densidad silenciosa, en la que cada forma parece contener una memoria latente, como un verso que sigue resonando más allá de la página.
La relación entre poesía y pintura no es, en su caso, una simple transposición de lenguajes, sino una búsqueda compartida: la de la precisión, la medida y la verdad del gesto. Si la palabra le permite pensar el mundo desde la música del lenguaje, la pintura le ofrece un espacio de contemplación en el que el tiempo se ralentiza y la mirada se afina. Ambas prácticas convergen en una misma ética de la forma, basada en la claridad y la responsabilidad expresiva.
En el Salón de los Espejos del Gran Teatre del Liceu, una selección de la obra pictórica de Narcís Comadira, lejos de competir con la propia sala, introduce una pausa, un tiempo de recogimiento que invita a una contemplación atenta. En este encuentro, la pintura se convierte en palabra silenciosa y el silencio, en una forma profunda de escucha.