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Paolo Arrivabeni dirige 'Semiramide' de Rossini en concierto en el Liceu con Vasilisa Berzhanskaya y Franco Fagioli

Barcelona, 11 de mayo de 2026

El director Paolo Arrivabeni debuta en el Liceu el 13 de mayo con 'Semiramide' de Rossini en versión concierto. Con Vasilisa Berzhanskaya y Franco Fagioli, la ópera combina bel canto y drama en una de las partituras más brillantes del compositor, basada en la leyenda de la reina asiria.

El maestro italiano Paolo Arrivabeni debuta en el Gran Teatre del Liceu el próximo 13 de mayo dirigiendo Semiramide en versión concierto, una de las óperas más monumentales y exigentes de Gioachino Rossini.

Considerada el último gran triunfo del compositor en Italia antes de su traslado a París, esta obra culmina la ópera seria rossiniana con una partitura de gran riqueza orquestal y un virtuosismo vocal extraordinario. En esta única función en versión concierto, Arrivabeni estará al frente de la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu con un reparto encabezado por la soprano Vasilisa Berzhanskaya en el papel de Semiramide y el contratenor Franco Fagioli como Arsace, acompañados por Mirco Palazzi (Assur), Maxim Mironov (Idreno), Antonio Di Matteo (Oroe), Patricia Calvache (Azema), Carlos Cosías (Mitrane) y Marc Pujol (Fantasma del Rei Nino).

Con libreto de Gaetano Rossi basado en la tragedia Sémiramis de Voltaire, Semiramide recrea la leyenda de la reina de Asiria atrapada entre el poder, la culpa y la tragedia familiar. Estrenada en La Fenice de Venecia en 1823, la ópera combina la herencia espectacular de la ópera barroca con la intensidad emocional y el virtuosismo del bel canto, en una de las partituras más brillantes y complejas de Rossini.

Entre el barroco y el bel canto

Estrenada en Venecia en 1823, Semiramide es considerada la culminación de la etapa italiana de Gioachino Rossini y una de sus grandes incursiones en la ópera seria. La obra cierra brillantemente la tradición de la ópera barroca del siglo XVIII y, al mismo tiempo, anticipa plenamente la estética del bel canto, con una escritura vocal de un virtuosismo extremo, una orquestación rica y grandes escenas corales y de conjunto. Lejos del carácter cómico de otros títulos populares de Rossini como La cenerentola o Il barbiere di Siviglia, Semiramide presenta un drama ambientado en la antigüedad asiria que aborda temas como el poder, la venganza, los crímenes familiares y la culpa, en una de las partituras más ambiciosas y complejas del compositor.

Estreno en el Liceu

Semiramide apareció por primera vez en el escenario del Gran Teatre del Liceu el 20 de abril de 1854, cuando Rossini —todavía vivo— ya no tenía el éxito de décadas anteriores en la ciudad de Barcelona. No obstante, el éxito fue notable porque la ópera volvió al teatro de la Rambla cinco temporadas más hasta la 1889-90. Y no reapareció hasta una versión en concierto en diciembre de 1985 y con Montserrat Caballé. Escenificada no volvió a representarse hasta noviembre de 2005. En Barcelona, Semiramide se había estrenado el 20 de abril de 1826 en el Teatre de la Santa Creu.

Imagen de archivo

El argumento

Semiramide es una de las últimas óperas de Gioachino Rossini. Estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia en 1823, y basada en la tragedia de Voltaire Sémiramis, destaca por su música exuberante y sus complejidades dramáticas, además de una trama cargada de pasiones, conflictos familiares e intriga política. Con un libreto de Gaetano Rossi , la ópera es un ejemplo destacado del género belcantista, en el que el espectáculo vocal y la habilidad técnica de los cantantes son elementos fundamentales.

La trama de Semiramide gira en torno a la protagonista que da título a la obra: la Reina de Babilonia, que se ve atrapada en una trama de venganza y secretos. La historia comienza con la muerte de su marido, Nino, y el misterio sobre quién fue la persona responsable de este asesinato. Semiramide, después de muchos años de reinar, se enamora del héroe Assur, sin saber que este es el hijo de su marido asesinado.

Musicalmente, destaca por la riqueza y la dificultad de sus arias y conjuntos, especialmente en los momentos de gran intensidad emocional. El personaje de Semiramide es una figura central en la ópera, y su aria “Bel raggio lusinghier” es uno de los momentos más emblemáticos, en el que se refleja su lucha interior entre el amor y el deber. La música de Rossini, con su brillo característico, se combina con momentos de gran intensidad dramática.

El reparto

El maestro italiano Paolo Arrivabeni debuta en el Gran Teatre del Liceu al frente de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu con un reparto de gran exigencia vocal encabezado por la mezzosoprano rusa Vasilisa Berzhanskaya, que también debuta en el Teatro interpretando el papel protagonista de Semiramide, y por el contratenor argentino Franco Fagioli, que debutó en el Liceu la temporada 2018/19 con Agrippina.

Con Semiramide, Rossini lleva el virtuosismo vocal al extremo, en una partitura que une la herencia ornamental del barroco con la exuberancia melódica del bel canto. Los dos grandes papeles protagonistas exigen una extraordinaria agilidad y un dominio técnico excepcional.

Franco Fagiolli (©Clarissa Lapolla)

Berzhanskaya asumirá el complejo rol de la reina de Asiria, uno de los más exigentes del repertorio rossiniano, con momentos de gran dificultad técnica como el aria «Bel raggio lusinghier», en la que Semiramide expresa su pasión por Arsace a través de una escritura llena de coloraturas y ornamentaciones.

El papel de Arsace, escrito originalmente para mezzo e interpretado históricamente por voces femeninas, será asumido en esta versión en concierto por Franco Fagioli, una de las grandes figuras actuales de la ópera barroca y del repertorio rossiniano. La recuperación de este tipo de roles por parte de contratenores se ha consolidado durante las últimas décadas, devolviendo a estos personajes una sonoridad especialmente singular.

Completan el reparto el bajo Mirco Palazzi como Assur, el tenor Maxim Mironov en el papel de Idreno, el bajo Antonio Di Matteo como Oroe y la soprano Patricia Calvache en el papel de Azema. Los papeles de Mitrane y del espectro de Nino serán interpretados por Carlos Cosías y Marc Pujol, respectivamente.

Considerada una de las grandes obras maestras de Gioachino Rossini, Semiramide es también uno de sus títulos menos frecuentes en los escenarios por la enorme exigencia vocal y musical que conlleva. Esta única función en el Liceu ofrece la oportunidad de redescubrir una partitura monumental, de una riqueza orquestal y dramática extraordinaria, y de disfrutar de un Rossini menos habitual pero igualmente fascinante.

Momentos musicales clave

La obertura de Semiramide dura aproximadamente 12 minutos, es la más larga de todas las que compuso Rossini para sus grandes óperas, y la demostración de que se encontraba, entonces, en la cima de sus facultades creativas. Esta introducción, una montaña rusa de subidas y bajadas de intensidad, presenta todos los colores y las temperaturas de la ópera: la pasión desbordada, pero también la sombra del horror que se intuye al fondo. Rossini perfeccionó su lenguaje personal en este fragmento: su facilidad para escribir crescendos eufóricos, su gusto por las melodías etéreas y una complejidad en la escritura orquestal que no volvería a repetir hasta la obertura de Guillaume Tell.

En el primer acto, Semiramide se ha reunido con su séquito íntimo en los jardines colgantes de Babilonia y comunica públicamente su situación emocional: su pasión por Arsace es incontenible y desea casarse con su joven general. Para mostrar todo el fuego que consume su alma, la reina se lanza a un aria de escritura endiablada, cuyo efecto vertiginoso solo puede suavizar la participación dulce del coro. «Bel raggio lusinghier» no es una pieza para cualquier voz: implica una dificultad técnica que muy pocas intérpretes pueden resolver, y obliga a dibujar coloraturas constantes, una profusión de ornamentos que, cuando están bien planteados, dan como resultado la materialización de una belleza vocal casi sobrenatural.

Otro de los grandes momentos de la ópera es el dúo «Alle più care immagini», entre Semiramide y Arsace, una página de un virtuosismo exuberante y llena de fuegos de artificio vocales, en la que Rossini despliega todo el brillo y la exigencia del bel canto.

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