La ópera 'Werther' de Jules Massenet, basada en la novela de Johann Wolfgang von Goethe, retrata un amor imposible marcado por la pasión y la desesperación. En el Liceu, la producción profundiza en la psicología de los personajes y presenta el debut de Xabier Anduaga en el papel protagonista.
- Compositor
- Jules Massenet
- Idioma
- Francés
- Duración
- 2h 40min
- Subtítulos
- catalán, castellano e inglés
- Actos
- 4
- Reparto
- Xabier Anduaga, Matthew Polenzani, Kristina Stanek, Elmina Hasan, David Oller, Carlos Daza, Sofia Esparza, Leonor Bonilla
Desde su publicación en 1774, la primera novela de Johann Wolfgang von Goethe, Die Leiden des jungen Werthers (en catalán, Les tribulacions del jove Werther), se convirtió en un éxito rotundo en la Europa de la Ilustración porque imaginaba un espíritu nuevo para un tiempo que estaba a punto de cambiar. Werther anticipaba el Romanticismo: sus ideas centrales eran el deseo de una vida sencilla, la admiración por la naturaleza y la exaltación de las pasiones, en oposición a la fe en el conocimiento y el racionalismo. Werther es un joven idealista, sensible ante las cosas bellas —los jardines, la poesía, la juventud— y que toma una decisión fatal: si no puede conseguir el amor de Charlotte, la mujer a la que adora, su vida no tiene sentido; por tanto, elige morir de un disparo antes que soportar una larga vida de infelicidad. Durante varias décadas, las páginas de Werther fueron un manual de uso para las primeras generaciones del Romanticismo. Muchos jóvenes lo tomaron como modelo: se vestían como el personaje, anteponían las pasiones a los deberes y, incluso, algunos —se conocen alrededor de cuarenta casos— se suicidaron de la misma manera que el personaje. Una historia así, por tanto, tenía que desembocar en la ópera, el arte que exalta todas las pasiones.
Retrato del joven apasionado
Jules Massenet abordó su versión de Werther más de un siglo después de la publicación del libro de Goethe, a finales de la década de 1880, y finalmente logró estrenarla en Viena en 1892. El éxito que obtuvo, en cierto modo, cerró el fantástico ciclo del Romanticismo con una ópera triste y sentimental, que encuentra sus mejores momentos cuando los personajes están al borde de la desesperación, porque la dura realidad sabotea sus emociones más profundas, su necesidad de amar de manera intensa y absoluta. Hay que buscar el origen de Werther en 1886: ese año, poco después del gran éxito que había conseguido con Manon dos años antes, Massenet asistió al festival de Bayreuth con su editor, Georges Hartmann, quien le regaló una traducción al francés de Werther para leer durante el viaje. Allí se sumergió en la música de Wagner y en el espíritu romántico y decidió llevar la historia a la ópera. Lo hizo con un lenguaje orquestal más denso que el que había empleado hasta ese momento, lo que aporta densidad y dramatismo a la obra.
«La historia trata la relación de amor no correspondido entre el idealista Werther y la joven responsable Charlotte, que concluye con el suicidio inevitable del protagonista.»
La versión de Massenet no es exactamente fiel a la historia de Goethe, que es una novela epistolar y, de hecho, bastante difícil de adaptar con fidelidad. Pero sí recoge el argumento básico: Werther es un joven aficionado a la poesía que llega a un pequeño pueblo alemán, Wetzlar, y entra en contacto con la familia del alcalde. Este tiene varios hijos pequeños y dos hijas mayores, huérfanas de madre: Charlotte y Sophie. En ese momento, Charlotte está sola, ya que su prometido, Albert, se marchó hace seis meses en un viaje de negocios y todavía no ha regresado. Un día invita a Werther a un baile para que la acompañe. En la ópera, Werther y Charlotte aún no se han conocido, y en una escena preciosa, él se enamora de ella a primera vista. Al regresar del baile le confiesa su amor, pero Charlotte debe rechazarlo: está comprometida con Albert y, además, juró a su difunta madre que se casaría con él. En ese instante, Werther siente cómo se le rompe el corazón: Charlotte está fuera de su alcance y sin ella no quiere vivir.
El desarrollo de la ópera transcurre a través de más encuentros entre Werther y Charlotte, que no hacen más que aumentar la desesperación del joven. En el tercer acto se ven por última vez, en Navidad: ella le recuerda su pasión por la poesía, le entrega unos versos de Ossian que él había traducido y Werther se hunde por completo. En este momento de la obra canta su aria más conmovedora: «Pourquoi me réveiller?». Decidido a morir, roba las pistolas de Albert y regresa a su casa. Allí se dispara, y mientras agoniza, Charlotte acude a su lado. En la escena final, ella confiesa que lo ama, pero ya es demasiado tarde.
El debut mundial de Xabier Anduaga en el papel de Werther
El rol de Werther es uno de los más importantes y exigentes del repertorio para tenor lírico, y en las funciones del Liceu contaremos con un intérprete de primer nivel: el donostiarra Xabier Anduaga, que se enfrentará a un desafío muy estimulante. Anduaga debutará el papel en Barcelona —es decir, lo cantará íntegramente por primera vez—, lo que nos permitirá ser testigos de su impresionante evolución y de uno de los hitos que marcarán su carrera de ahora en adelante. En el mismo papel también podremos escuchar al tenor estadounidense Matthew Polenzani. El otro personaje importante, Charlotte, escrito para mezzosoprano, será interpretado por Kristina Stanek y Elmina Hasan, y Albert, el prometido de Charlotte, estará a cargo de los barítonos David Oller y Carlos Daza. El público del Liceu también podrá volver a escuchar al gran bajo barcelonés Stefano Palatchi, que asumirá el papel del alcalde, así como a las sopranos Sofia Esparza y Leonor Bonilla en el papel de Sophie. La dirección musical estará a cargo del maestro Henrik Nánási.
«El tenor Xabier Anduaga se enfrenta a uno de los desafíos más apasionantes y exigentes de su carrera: ha elegido el Liceu para debutar el papel protagonista completo.»
Werther es, sin duda, una de las óperas más completas y memorables de Massenet, un compositor que firmó más de 25 títulos y cuenta con varios clásicos en su repertorio. Massenet nunca dejó de ser un romántico que buscó temas en grandes obras de la literatura universal —Don Quijote, El Cid, Manon Lescaut—, pero con Werther alcanzó la cima de su madurez, no solo por la riqueza y variedad de colores de la orquesta, sino también por el equilibrio del drama. Aunque la ópera tiene momentos individuales de gran belleza, como las dos arias de Werther y el aria de Charlotte en el tercer acto, hasta llegar a la conmovedora escena final, lo importante de esta ópera es el conjunto. Tiene una estructura circular perfecta, la totalidad del drama brilla por encima de las partes individuales —que son, como se diría coloquialmente, la guinda del pastel— y, sobre todo, captura la esencia de la personalidad de Werther, su desesperado deseo de una felicidad imposible porque es incapaz de anteponer el sentido común a sus impulsos íntimos. A pesar de todo, es inevitable sentir compasión por este personaje, porque todos han sentido y amado de la misma manera desesperada que Werther.
Una exploración psicológica del alma atormentada
La producción que presentamos en estas funciones está firmada por el alemán Christof Loy, un director escénico habitual en el Liceu en las últimas temporadas (Eugene Onegin, Rusalka) y que siempre se caracteriza por buscar las cuestiones de fondo de la historia. Aunque siempre ofrece escenografías bellas, funcionales e inteligentes, Loy no quiere quedarse en la fachada de las historias, sino que busca adentrarse en la psicología de los personajes, tratarlos como seres humanos complejos y comprender sus motivaciones. Esta propuesta transcurre en un único espacio dividido en dos niveles de profundidad que sirve para ambientar la casa de Charlotte, la plaza pública de Wetzlar y la casa de Werther. Pero este espacio tiene una dimensión simbólica: cuanto más al fondo sucede la acción, más cerca está de la realidad; cuanto más al borde del escenario, más pertenece al mundo de las emociones y los deseos de Werther. El vestuario, diseñado por Robby Duiveman, es muy fiel al personaje: Goethe indicó que llevaba un chaleco amarillo, y nuestro Werther irá vestido así. También es muy importante la iluminación, diseñada por Roland Edrich, que subrayará sutilmente el ambiente y la tensión de cada escena.
A lo largo de la historia, Werther ha sido una obra adaptada a otros lenguajes: ha sido recreada ampliamente en la literatura posterior, existen versiones en cine y, por supuesto, desde finales del siglo XVIII también comenzaron a aparecer las primeras óperas. No obstante, hoy ha perdurado solo la de Massenet, la más fiel al espíritu del personaje, profundamente humana, musicalmente excelente, conmovedora incluso en los pequeños detalles, una verdadera apoteosis romántica.
Momentos musicales clave
Acto III, Charlotte
«Je vous écris de ma petite chambre»
Charlotte está en su escritorio, revisando unas cartas que le envió Werther. Al recordarlo, se emociona y canta su aria, en la que expresa sentimientos contradictorios: el afecto que siente por el joven, pero también el deber de mantenerse alejada por el bien de su matrimonio. La orquesta acompaña el canto, que tiende hacia el registro grave, con una armonía temblorosa que refleja el dolor que domina al personaje, pero también con un instante más luminoso, con un breve momento de optimismo… antes de que comprenda que su felicidad no es posible, ni con Werther ni sin él.
Acto III, Werther
«Pourquoi me réveiller ?»
Charlotte le recuerda a Werther su amor por el poeta Ossian y le muestra unos versos que él había traducido tiempo atrás. En ese momento, Werther se hunde: comprende que, si no tiene el amor de Charlotte, nada, ni siquiera la poesía, podrá salvarlo. El aria es breve y concisa, pero de una perfección formal admirable: en pocas líneas de máxima intensidad se completa el retrato interior de Werther, un hombre extremadamente sensible que, ante la imposibilidad de alcanzar su ideal, finalmente rechaza la vida y la belleza de la naturaleza. Después de esta escena, decidirá finalmente abandonar a Charlotte y regresar a su casa, donde se suicidará con un disparo.