Inspirada en la novela de Johann Wolfgang von Goethe, 'Werther' de Jules Massenet narra la historia de un amor obsesivo e imposible que conduce a la tragedia. Una ópera impactante sobre la intensidad emocional, la presión social y la fragilidad mental.
En 1774 se publicó Las tribulaciones del joven Werther, una novela con rasgos autobiográficos del entonces desconocido escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, de 25 años. Rápidamente, se convirtió en un hito de la literatura universal. Es una obra perteneciente al periodo romántico y uno de los mejores exponentes del movimiento Sturm und Drang; una obra epistolar que relata la historia de Werther, un joven apasionado que escribe cartas a su amigo Wilhelm sobre su amor obsesivo por Charlotte, quien lo rechaza para casarse con otro hombre, porque se lo prometió a su madre moribunda.
El éxito de la novela, paradójicamente, se convirtió en un gran problema social, ya que en enero de 1775 comenzó una oleada de suicidios por amor inspirados en el héroe romántico. Estos casos continuaron durante varios años y se convirtieron en un fenómeno posteriormente muy estudiado y difundido por toda Europa. Apasionado por la intensidad de la trama, Jules Massenet comenzó a ponerle música en 1885.
Estrenada en alemán en la Wiener Staatsoper en febrero de 1892, tuvo un éxito moderado. No fue hasta las representaciones en Ginebra y París en la versión francesa que se impuso como una de las mejores obras del compositor.
El papel de Werther, por su dificultad vocal, es a menudo llamado el del “Tristán francés”, y reserva para Charlotte algunas de las páginas más intensas y dramáticas de todo el repertorio. Xabier Anduaga (en su debut en el papel) y Matthew Polenzani se alternarán con las Charlottes de Kristina Stanek y Elmina Hasan. Unas voces prodigiosas nos harán sumergirnos en esta partitura, que no es más que una confesión íntima de sentimientos contenidos, expresiones interiores a partir de una línea melódica conmovedora y delicadísima, y un elegante envoltorio orquestal.
Esta nueva producción, proveniente del Teatro alla Scala de Milán y dirigida por Christof Loy, se centra en los mecanismos interpersonales y los aspectos psicológicos de los personajes. Con un enfoque íntimo de los protagonistas, los sitúa en una escenografía elegante y esencial ambientada en los años cincuenta, en la que preside una gran pared horizontal que cierra la acción de los papeles centrales y los asfixia en sus emociones más profundas. Este muro divide el mundo de la intimidad doméstica, los afectos y los sentimientos (el de la familia, al que Werther nunca podrá acceder) del mundo exterior. La desnudez del espacio hace que los elementos adquieran una carga simbólica adicional muy sugerente.
El conformismo y la norma de la convención serán una prisión imposible de vencer y lo que marcará su destino para enfrentarse a la tragedia personal y a la muerte como única salida. Charlotte llega demasiado tarde: Werther ya está muriendo mientras ella le declara su amor desesperado. Afuera, los niños cantan el nacimiento de Jesús; un contraste impresionante que nos pone la piel de gallina.
Werther debe leerse hoy como una metáfora intensa de la fragilidad emocional y del peso de las enfermedades mentales en un mundo que no siempre las comprende ni las acompaña. Massenet capta con delicada precisión el abismo interior de un joven que ama con una pasión desbordante y a la vez destructiva, y muestra cómo la exaltación de los sentimientos puede desembocar en desesperación y aislamiento. En un contexto contemporáneo, Werther resuena con la urgencia del diálogo sobre la salud mental: la incomprensión, la presión social y la idealización del amor pueden actuar como catalizadores de la profunda tristeza y del desbordamiento emocional. Su tragedia es, así, un llamamiento poético y doloroso a reconocer, escuchar y acompañar las emociones más vulnerables antes de que sea demasiado tarde.
“Querido, estoy segura de que, de nuevo, me estoy volviendo loca. Creo que no puedo superar otra de esas terribles temporadas. No me recuperaré esta vez. He empezado a oír voces y no puedo concentrarme. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor. (...) No puedo luchar más tiempo. (...) No puedo seguir destrozando tu vida más tiempo.” – Virginia Woolf, carta escrita a su esposo Leonard, momentos antes de ahogarse intencionadamente en el río Ouse, 28.3.1941
Víctor Garcia de Gomar
Director artístico del Gran Teatre del Liceu