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La ópera más madura y ambiciosa de Händel

'Giulio Cesare' es una ópera ambientada en el pasado, pero no es una ópera histórica: su interés radica en cómo presenta arquetipos y valores humanos eternos, adaptados a los intereses políticos del siglo XVIII. De igual manera, Calixto Bieito traslada la ópera a un presente —con una escenografía austera y un vestuario moderno— para explorar, según los criterios de la época actual, aspectos como la lucha por el poder y la inmoralidad que se deriva de ella, la obsesión por el sexo, el deseo de venganza y la necesidad del perdón en un mundo cada vez más consumido por la violencia y el egoísmo.

Händel compuso a lo largo de su extensa carrera cerca de 40 óperas, y suele considerarse Giulio Cesare in Egitto —este es su título original— como la mejor de todas, la que muestra el despliegue musical más brillante y la mejor caracterización de los personajes. Si esto es así —y existe un consenso bastante sólido al respecto—, se debe a varios motivos, y el principal es que Händel pudo trabajar en esta obra en unas condiciones únicas dentro de toda su trayectoria: con el mejor equipo a su disposición, un buen presupuesto y mucho tiempo para componer.

'Giulio Cesare' (© Monika Rittershaus)
Escena de 'Giulio Cesare' (© Monika Rittershaus)

En 1711, tras una breve trayectoria musical en Hannover y en varios estados de la península itálica, el joven Händel llegó a Londres como acompañante y músico de confianza del entonces futuro rey Jorge I, que había reclamado el trono de Inglaterra y consolidaría su reinado a partir de 1714. Allí, con el privilegio del monarca, empezó a trabajar en la creación de un espacio dedicado a la ópera de estilo italiano, prácticamente desconocida para el público inglés. Tras el estreno de Rinaldo —que fue un éxito rotundo—, Händel se ganó la confianza de la casa real y, desde 1715, dispuso de un teatro propio para sus estrenos, el King’s Theatre de Haymarket, y de un presupuesto para consolidar una compañía artística de primer nivel, con instrumentistas virtuosos, poetas —el libretista Nicola Francesco Haym escribió y adaptó varias historias para él— y, por supuesto, cantantes espectaculares, como el famoso (y caprichoso) castrado Senesino.

«Giulio Cesare está considerada la mejor de las cerca de 40 óperas que compuso Händel, gracias a un libreto de gran calidad y a un conjunto de arias emocionantes.»

A partir de 1719, Händel recibió además el apoyo adicional de un grupo de aristócratas que financiaron sus proyectos bajo el amparo de una institución, la Royal Academy of Music, creada para consolidar la ópera en Londres. Durante muchos años, pudo trabajar con comodidad, acumulando triunfos y ganándose el favor de un público —principalmente noble— que había acogido con interés la novedad de la ópera.

Así, en 1724, Händel quiso demostrar todo su poder con una obra, Giulio Cesare, a la que reservó un tiempo extraordinario. Normalmente, Händel completaba la composición de una ópera en pocas semanas —y, cuando no tenía tiempo, entregaba una obra reciclada, un pasticcio—, pero a esta le dedicó varios meses de estrecha colaboración con el libretista Haym y su equipo de cantantes, buscó una mayor complejidad argumental y alargó la duración de la obra. El resultado fue un incremento exponencial de la calidad artística, un nivel que no volvió a superar hasta que se retiró definitivamente de la ópera en 1741. Sin embargo, sí lo superó en el formato al que se dedicaría principalmente a partir de 1735: el oratorio en inglés.

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Escena de 'Giulio Cesare' (© Monika Rittershaus)

Giulio Cesare está basada en varios textos romanos de historia —principalmente, en el poema de Marco Anneo Lucano, La Farsalia, escrito en tiempos del emperador Nerón— que documentaban la guerra civil que, un siglo antes, había enfrentado a Julio César y Pompeyo. La derrota de Pompeyo tuvo lugar a las afueras de Alejandría, que es donde empieza la historia adaptada para la ópera: al llegar victorioso a Egipto, Cesare descubre que el faraón Tolomeo, en un intento de ganarse su favor y evitar que lo destituya del trono, ha matado a Pompeyo y le ha cortado la cabeza. Esta decisión enfurecerá al general romano, y su toma de partido hará que varios personajes quieran aliarse con él para satisfacer sus propios intereses: Cornelia y Sesto —la viuda y el hijo de Pompeyo— querrán matar a Tolomeo, y la reina Cleopatra intentará seducir a Cesare para que la ayude a destronar a su hermano.

La ópera fluye con naturalidad porque las emociones que proyectan los personajes son universales: la ambición por el poder, el deseo de venganza, la compasión, la demanda de justicia… Al final, como ocurre en la ópera seria del siglo XVIII, Giulio Cesare exalta los valores más nobles del gobernante, que restituye el poder a Cleopatra, perdona a sus enemigos y forja una alianza política entre Roma y Egipto. Y todo ello acompañado de un impresionante arsenal de arias —ocho para Cleopatra y siete para Cesare, sin contar las de los personajes secundarios—: dúos, coros, sinfonías y la escritura orquestal más colorista y densa de las óperas de Händel. Una obra maestra que resiste muy bien el paso del tiempo.